
Obra
y Biografía de Duccio di Buoningsegna
Duccio
Di Buoninsegna nació en Siena. Fue el fundador de la escuela
pictórica de esa ciudad y es considerado como uno de los
artistas más influyentes en la formación del Gótico
Internacional.
En
el siglo XIV, Siena era, junto a Florencia, el centro artístico
más productivo de Italia. Giotto revolucionó el arte
florentino dando a sus composiciones un sentido volumétrico
y Duccio el de Siena.
Duccio,
más dependiente de lo bizantino, prefirió el gusto
por la línea y por la ordenación en superficie y se
inclinó hacia el realismo del detalle y la representación
de lo anecdótico.
Sus trabajos se caracterizan por la sensibilidad del dibujo, la
habilidad de la composición, una calidad decorativa similar
a los mosaicos y una intensidad emocional mayor que la de los modelos
bizantinos.
Sus
obras más famosas son La Maestá (1308-1311)
y La Madonna Rucellai, encargada en 1285.
La
Madonna Rucellai
Duccio
pintó esta obra para la Iglesia de Santa María de
Novella de Florencia, aunque en la actualidad se encuentra en la
Galería de los Uffizi.

Se
trata de un retablo que muestra a la Virgen sentada en el trono
con el Niño Jesús, flanqueada por dos ángeles
de rodillas y con un fondo de oro de tradición bizantina.
Presenta
muchos elementos similares a la Madonna de Cimabue, ya que
Duccio fue discípulo suyo. Pero la delicadeza, el limpio
colorido y el movimiento decorativo de la línea ondulada
del borde del manto de la Madonna Rucellai difieren de la
de Cimabue.
El
trono, que se presenta simultáneamente de frente y de lado,
no tiene respaldo y detrás de la Virgen se coloca un velo.
Los ángeles que la flanquean aparecen arrodillados unos sobre
otros, no hay profundidad, ya que Duccio no se preocupa por el volumen
de las formas, sino por el color.
La
Maestá
Es
un gran retablo encargado en 1308 para la catedral de Siena. Está
pintada por ambos lados.
La
parte frontal se divide en tres partes. El panel principal o central
muestra a la Virgen entronizada con el Niño, rodeada por
un gran número de ángeles, santos y apóstoles.
La franja superior se decora con escenas de los últimos años
de la vida de la Virgen, y la franja inferior o predela, con escenas
de la infancia de Cristo separadas por una serie de profetas de
pie.
El
reverso del retablo contiene escenas de la pasión de Cristo,
donde puede verse un tratamiento nuevo y más realista de
la perspectiva.
En
el panel de la Virgen Entronizada, vemos el claro bizantinismo
en las cabezas, mientras que los ropajes responden al gótico.
Utiliza una rica y delicada gama de coloridos, azules pálidos
y oscuros, lilas, rojos vinosos, verdes olivas, verdes pálidos,
amarillos, pardos y dorados.
El
carácter decorativo del agrupamiento de las figuras se compensa
con los espacios entre los santos que están arrodillados
en primer plano y con la leve profundidad de la plataforma del trono.
El efecto final da la sensación de realidad, que se consigue
a través de las diferentes texturas y por los volúmenes
de los ropajes.
En
el panel principal de la parte posterior de la Maestá, no
se advierte una simetría rígida, a pesar de la gran
columna central donde se sitúan la Agonía,
la Traición y la Crucifixión y de que
las escenas se vinculan temáticamente entre sí.
La
escena de la Entrada, en el ángulo inferior izquierdo,
constituye, debido a su doble tamaño, el punto inicial de
toda la serie de episodios relacionados con la Pasión. Continúa
a modo de zigzag a lo largo de las dos filas inferiores, y luego
continúa, del mismo modo, en las dos superiores.
La
escena de la Crucifixión es de gran unidad compositiva.
Cada uno de los personajes, sin perder su individualidad, está
tratado como si fuera un eslabón de la misma cadena. La armonía
del color y la luz que penetra en la escena confieren gran unidad
a la composición.
La
secuencia de Las mujeres santas en el sepulcro representa
el momento de la Pasión en el que las tres Marías
descubren la tumba vacía de Cristo, y el arcángel
Gabriel les comunica que ha resucitado. Lo que interesa a Duccio
no es la psicología de las mujeres, como le interesaría
a Giotto. Duccio parece pintar desde la distancia, mientras que
Giotto se identifica totalmente con sus historias, creando verdaderos
dramas. La composición rígida y formal de la parte
frontal de la Maestá revela fuertes lazos de unión
con la tradición bizantina, pero la influencia del norte
de Europa puede apreciarse en las formas onduladas de las figuras.
Sus figuras parecen tener volumen y sus vestimentas caen en líneas
sinuosas y fluidas.
La
llamada de los apóstoles Pedro y Andrés, una imagen
luminosa y sencilla con una gran fuerza, es otro pequeño
panel de la predela, en la parte trasera. En el centro se encuentran
los dos hermanos, Andrés y Pedro. Pedro observa a Jesús
y Andrés permanece inmóvil mientras nos mira. Las
vestimentas de los dos discípulos son de tono pálido
y las de Jesús son rojo carmesí, que simboliza su
Pasión, y morado para indicar su condición real.
Duccio
tuvo un continuador famoso, Simone Martini, que extendió
su escuela más allá de Italia, ya que trabajó
en Roma, Nápoles y Francia y extendió a otros lugares
de Europa las características de la pintura sienesa, como
son, la composición y el colorido de tradición bizantina
y el linealismo gótico, que constituyen el antecedente del
Gótico Internacional.
