Pintura
gótica en Italia
Hasta el siglo
XIII la pintura italiana medieval se había inspirado fundamental
en la bizantina (''maniera greca'').
Es a partir
del siglo XIII (Duecento) cuando este claro bizantinismo en la pintura
comienza a fundirse con las tradiciones clásicas y paleocristianas.
La consecuencia
de este cambio en la pintura Italiana desembocará un siglo
más tarde (Siglo XIV o Trecento) en el lenguaje pictórico
de las Escuelas Florentina y de Siena, que a su vez establecerán
las bases para desembocar finalmente en el Renacimiento.

Una de las características
generales de la pintura gótica italiana del Docento es que,
en buena manera, olvida el mosaico para dedicarse al fresco y a
la miniatura.
Pero
como ya se ha dicho esta pintura arrastra características
de los periodos anteriores de la Edad Media en su claro bizantinismo.
Otra de las
características de este periodo se centra en la iconografía,
donde el culto a la Virgen llega a su punto álgido.
Desde el punto
de vista iconográfico, también hay que destacar la
importancia que adquiere la colecciones que siguen la vida de San
Francisco de Asís, dada la importancia que adquiere la orden
franciscana en Italia. En este sentido, también prolifera
la representación de aspectos de la naturaleza a la que el
santo daba mucha importancia.
Hay tres ciudades
de referencia en la pintura gótica italiana de los siglos
XIII y XIV:
En cuanto a
los artistas se considera Giotto y Duccio las figuras más
representativas, pero antes de sus obras, serán Pietro Cavallini
y Cimabue quienes asienten las bases de lo que será la revolución
del Trecento.
