
Masaccio.
Biografía y obra
Introducción
a uno de los genios del Quattrocento italiano: Masaccio (1401-1428)
La figura del
quattrocentista Tommaso di Ser Giovanni di Mone Cassai, más
conocido como Masaccio, es especialmente importante dentro del arte
pictórico italiano de comienzos del s.XV dado que será
él quien desarrolle (en dicho campo y a partir de los conocimientos
compartidos por Brunelleschi) la perspectiva, creando escenas donde
el espacio será real, "aéreo". Además,
sus obras, de rotundas imágenes impregnadas de un fuerte
sentido volumétrico y naturalista, prefiguran la evolución
que culminarán pintores posteriores, sentando las bases para
que este cambio sea posible.

Biografía
de Masaccio
Poco es lo que
se conoce de la vida de Masaccio, en parte debido a la escasez de
documentos relativos a su vida y obra, en parte al hecho de que
la primera fue especialmente corta (aunque muy productiva para la
historia del arte), muriendo antes de cumplir la edad de veintisiete
años.
Nacido
en la actual localidad de San Giovanni Valdarno en 1401, se desconoce
cuál pudo ser la trayectoria del artista antes de su traslado
en 1417 a la ciudad de Florencia aunque se ha valorado la hipótesis
de una formación de carácter local. Huérfano
de padre a los cinco años de edad (en este año de
1406 nacerá también su hermano, el pintor más
tarde conocido como el Scheggia) su madre se volverá a casar,
trasladándose madre e hijos a Florencia una vez enviude ésta
por segunda vez.
En dicha ciudad
aparece Masaccio documentado en 1422 en el registro perteneciente
al gremio de pintores y, aunque no se sabe cuál pudo ser
su relación con el ámbito artístico florentino
inicialmente (hoy día se descarta el aprendizaje bajo tutela
de Masolino, debido a las diferencias estilísticas existentes
entre ambos), sí es seguro que estableció una relación
de amistad con figuras tan señaladas, y que tanto influirán
en su pintura, como Brunelleschi y Donatello, a los cuales además
retratará ya en sus primeras obras.
Es en esta fecha,
asimismo, cuando aparece datado, mediante una inscripción,
el Tríptico de la iglesia de San Juvenal de Cascia di Reggello,
atribuido a Masaccio (habría sido su primer trabajo realizado
en Florencia, probablemente por encargo de la familia Castellani)
Igualmente
en este año se consagra la iglesia del Carmine florentina,
acontecimiento que Masaccio se encargó de plasmar en un fresco
ubicado a la entrada del claustro y que, debido a la remodelación
posterior del edificio, hoy día no se conserva, aunque se
sabe cuál debió ser su apariencia gracias a la existencia
de unos dibujos del mismo y a la descripción que realizara
Vasari en sus Vidas.
En Florencia,
además, desarrollará encargos como los frescos para
la capilla Brancacci de la iglesia del Carmine, en participación
con Masolino, el cual habría recabado su colaboración
para otros trabajos, como la tabla de Santa Ana, la Virgen con el
Niño y ángeles para la iglesia de San Ambrosio (1424),
así como una de sus más afamadas obras: el fresco
de la Trinidad, realizado para la iglesia de Santa María
Novella (1425-1427).
Sin embargo,
es posible encontrar muestras de su genio igualmente en otras ciudades
italianas, como Pisa, donde ejecutará en 1426 un Políptico
para la iglesia del Carmine, hoy día desmembrado y repartido
por varios museos europeos.
En 1428 se traslada
a Roma (ciudad a la que supuestamente, y según testimonio
de nuevo de Vasari, ya habría realizado con anterioridad
un viaje para conocer el arte de los "antiguos") con la
intención de colaborar con Masolino en la decoración
de la capilla de San Juan, en la iglesia de Santa María la
Mayor, sorprendiéndole una muerte prematura en dicha ciudad
antes de finales de año.
Principales
obras de Masaccio
Sin duda, se
puede considerar el ciclo de frescos compuestos para decorar la
capilla Brancacci en la iglesia del Carmine de Florencia
como la obra más importante de Masaccio, quien trabajará
en su ejecución a lo largo de varios periodos.

Inicialmente
reclamado por Masolino en 1924 para que le ayudara en dicha labor,
la marcha de éste en 1925 a Hungría pondrá
fin a la colaboración, recogiendo Masaccio el testigo del
encargo en solitario hasta fecha cercana a su muerte (terminando
el trabajo Filippino Lippi posteriormente).
El programa
iconográfico principal de la capilla está basado en
la vida de San Pedro, aunque es posible encontrar igualmente escenas
pertenecientes al Génesis, correspondiendo a la mano de Massaccio
los episodios de la Expulsión de Adán y Eva del Paraíso,
El bautismo de los neófitos, El Tributo y las arquitecturas
en las cuales se enmarca la escena de la Resurrección de
Tabita, en el cuerpo superior.
Además,
en el inferior, habría realizado los episodios de San Pedro
cura a los enfermos con su sombra y La distribución de los
bienes y la muerte de Ananías, junto con parte de La resurrección
del hijo de Teófilo y San Pedro en la cátedra.
Esta obra es
especialmente importante puesto que se supera por completo en la
misma cualquier rasgo del gótico previo, constituyendo un
inmejorable ejemplo de la que vendrá a ser la pintura de
la Modernidad. Para comenzar, la composición es extremadamente
compleja, tanto en lo concerniente a las escenas individuales como
al conjunto global de la decoración, estructurada en función
de un punto de vista principal: el del observador.
Masaccio va
a conocer y aplicar las reglas de la perspectiva científica,
distribuyendo las escenas de un mismo episodio (que pueden ser varias
a la vez) en función de un punto de fuga, dotándolas
de esta manera de una unidad e interrelación narrativa que
poco tenía que ver con obras anteriores.
Además,
el tratamiento de la luz en las diversas escenas es maestro, logrando
con el manejo del mismo una corporeidad en las figuras (ya de por
sí monumentales, debido a la influencia de Donatello) y una
ambientación "física" plenamente realistas.
Muy importante
será en su obra, asimismo, el contexto, concediendo una especial
importancia a las arquitecturas marco, puestas siempre al servicio
de ese realismo que, en muchas ocasiones, constituye un auténtico
juego visual (como se puede observar en el fresco de La Trinidad,
cuya impresionante bóveda además supuso un impacto
para los coetáneos de Masaccio y que, a día de hoy,
todavía deja boquiabierto al espectador).
