Los temas que
Velázquez pintó en esta primera etapa son religiosos
y también populares, extraídos de la vida cotidiana.
Las obras más
importantes son:
Adoración
de los Reyes Magos
En esta pintura, gran parte del escenario está oscuro y sólo
ilumina la parte del mismo que quiere destacar. Se trata, por tanto,
de un cuadro de estilo tenebrista, realista y composición
diagonal.
La Vieja
friendo huevos
Recuerda a un bodegón (con abundancia de naturaleza muerta).
Sorprende su exquisito realismo, sobre todo al representar el material
en que están hechos los objetos. También es una obra
tenebrista.
El Aguador
de Sevilla
Obra de nuevo muy tenebrista y de gran realismo, como se aprecia
en las calidades de los objetos.
Bodegón
a lo divino
Representa una escena de la vida cotidiana con gran realismo y en
el fondo Marta y María con Cristo.
Con estas primeras
obras alcanza un gran prestigio entre la nobleza sevillana lo que
le permite catapultarse e instalarse en el Madrid de los Austrias.
Etapa
madrilena (1623- 1660)
Se trata de
la etapa más amplia de la vida y obra de Velázquez
que a su vez tiene distintas fases.
Inicialmente,
desde 1623 a 1629 se emplea como pintor de cámara de Felipe
IV y a medida que pasa el tiempo consigue mejores trabajos. En este
periodo continúa su formación como pintor, tomando
como referencia las galerías pictóricas de la Corte
madrileña. Además, en esta etapa conoce al genio flamenco
Rubens.
Las obras de
esta primera etapa son:
Los Borrachos
se trata de un tema mitológico protagonizado por el dios
Bacco. En este cuadro, Velázquez abandona casi totalmente
el tenebrismo ya que distribuye la iluminación por todo el
escenario.

Bacco está
sentado y destaca por su posición, por su desnudo, por la
luz, por la corona de hojas de vid...
Se representan
las tres etapas de la borrachera gracias a las expresiones de los
personajes.
Entre 1629 y
1631 pasa una larga estancia en Italia aconsejado por Rubens. Allí
aprende mucho de la obra de los grandes pintores renacentistas y
barrocos italianos.
Fruto de este
periodo son sus obras:
La túnica
de José
Aquí el pintor sevillano trata un tema religioso del Antiguo
Testamento en que los hermanos de José muestran su túnica
engañando a su padre.
En este cuadro,
Velázquez aplica un magnífico estudio de la anatomía
humana. Se piensa que tal virtud pudo estar influida por la obra
de Miguel Ángel.
Se trata de
una escena de interior con una ventana que muestra el paisaje con
perspectiva aérea.
La Fragua de Vulcano
Tema mitológico cuyo protagonista es Vulcano, al que representa
como dueño de una fragua con sus compañeros, que están
confeccionando una armadura para el Dios de la guerra: Marte. El
cuadro plasma el momento en que Apolo llega a contarle a Vulcano
que su esposa le es infiel con Marte.
Salvo Apolo
que es el personaje destacado, el resto es representado de una manera
muy cotidiana con un taller artesano de gran realismo. De nuevo,
Velázquez da muestras de una completo dominio de la anatomía
humana.
En 1631 Diego
Velázquez regresa a España permaneciendo hasta 1649.
Se trata de una fase prolífica en que realiza numerosas obras.
Las Lanzas
o la Rendición de Breda
Relata una victoria real en la guerra de los 30 años en que
se elogia a la paz, puesto que los vencedores tratan con respeto
y cortesía a los vencidos.
Se trata de
una escena al aire libre con gran profundidad, donde aparece ardiendo
la ciudad de Breda.

En primer plano
aparecen los dos ejércitos (españoles y holandeses)
y los caballos actúan como paréntesis de la escena.
Es en estos
años cuando realiza muchos retratos en la Corte: el rey,
su hijo, su valido... y también de los bufones.
Retrato de
Felipe IV
Pinta al rey teniendo como fondo la Sierra de Guadarrama. El caballo
está en corbetta, levantando sus patas delanteras y apoyado
en las traseras. Emplea perspectiva aérea en el paisaje.
Retrato del
Conde Duque de Olivares
De nuevo el fondo es la Sierra de Guadarrama. Lo magistral de esta
obra es su captación psicológica excepcional. De nuevo
el caballo aparece en corbetta creando una línea diagonal
que genera sensación de movimiento.
Retrato del
príncipe Baltasar Carlos
Retrata al niño en un paisaje al aire libre con una gran
exactitud en la representación del rostro del niño.
En este caso, sitúa al caballo de frente.
Retrato del
príncipe Baltasar Carlos con atuendo de caza.
Representa al príncipe con atuendo de caza acompañado
de dos perros.
Don Sebastián
de Morra
Velázquez representa al bufón de manera muy realista
y con gran riqueza de colorido. El personaje está sentado,
rodeado por un espacio muy amplio y mirando de frente al observador.
El Niño
de Vallecas
De nuevo es un retrato muy realista. Pinta al niño en gesto
perdido y con las pierna en escorzo. Predominan los tonos verdosos.
También
hace retratos que hacen referencia al mundo clásico:
Retrato de
Esopo
Se representa a un anciano con un libros y vestimentas de color
marrón.
Cristo crucificado
Fue una donación real para el Convento de San Plácido.
Es una excelente obra, de gran tenebrismo donde aparece muy iluminado
Cristo en contraste con la oscuridad del resto. Su cuerpo es bellísimo,
idealizado, con belleza clásica.
Velázquez
realiza un segundo viaje a Italia en 1649 al encargarle el rey Felipe
IV la adquisición de pinturas italianas. Va a permanecer
en el país trasalpino durante dos años. Allí
realiza varias obras:
Retrato de
Juan de Pareja
Velázquez retrató a su esclavo, Juan de Pareja, que
luego sería liberado y convertido en un gran pintor discípulo
del propio Velázquez. El personaje aparece con expresión
inteligente y viva mirando al observador. En el cuadro predominan
tonos verdosos y blancos.
Velázquez
demuestra un dominio total de la luz, pintando con pinceladas sueltas
que anticipan el impresionismo.
Retrato del
Papa Inocencio X
Es un encargo del propio Papa donde además de la maestría
en el tratamiento de la luz, destaca el estudio psicológico
del personaje.
Paisajes
de la Villa Medicci
Aparecen dos figuras pequeñas enmarcadas en el paisaje. El
maestro emplea aquí una pincelada muy suelta anticipándose
en dos siglos al impresionismo.
En 1651 regresa
de nuevo a España. Entre las obras que realiza en esta última
etapa de su vida, están las más importantes (sus tres
grandes obras).
Venus del
espejo
es un tema mitológico en que Velázquez pinta a la
diosa Venus de espaldas y acostada sobre una cama o diván,
percibiéndose el peso de su cuerpo. Venus es representada
mirándose en un espejo que sujeta Cupido. Se trata de uno
de los desnudos femeninos más bellos de la historia de la
pintura.
Las hilanderas
De nuevo se trata de un tema mitológico que representa la
disputa entre Atenea y una joven tejedora llamada Aracne.
En primer plano aparecen las hilanderas. En segundo plano, Atenea
cuando castiga a Aracne y en tercer plano, un tapiz.
La composición es simétrica, dotada de gran realismo
y movimiento, que se aprecia en la sensación de rotación
de la rueca. También es una obra maestra en el tratamiento
de la luz.
Las Meninas
Las Meninas es la obra cumbre de Velázquez. Se trata del
retrato de la Familia Real escenificado en el taller del propio
pintor. Se autorretrata pintando a los reyes, que se reflejan en
el espejo. Representa a la Infanta Margarita con sus meninas y bufones
y el perro. Se autorretrata como pintor ennoblecido (lleva la cruz
de Santiago): como artista y no un mero artesano.

De nuevo es
una pintura de gran realismo donde funde la perspectiva aérea
y la perspectiva lineal central. Hay dos focos luminosos que son
tratados con maestría (puerta al fondo y ventana lateral).
La sensación de profundidad es magistral, gracias al tratamiento
de la luz y a la pincelada suelta.
